FOCO ROJO

DEUDA PUBLICA, ULTIMA LLAMADA

José Manuel Rodríguez Solar

La siguiente advertencia va dirigida a   todos aquellos lectores con sentido común. Para entenderla no es necesario tener profundos conocimientos sobre el tema ya que se ha hecho a un lado el complicado idioma de los especialistas en finanzas y economía. Esta advertencia es un serio aviso que el gobierno no debe seguir ignorando ni pasar más por alto, es una reflexión en la que debemos centrar toda nuestra atención. Se trata de la Deuda Pública, la que vemos como el principal foco rojo encendido sobre la economía; en la que se concentra la deuda pública total reconocida por el gobierno del rescate bancario (IPAB-FOBAPROA); los Proyectos de Impacto Diferido en el Registro del Gasto (Pidiregas), con los que privilegiados particulares financiaron la construcción de infraestructura para la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos; el costo de fondos y fideicomisos, los programas de apoyo a deudores, el rescate carretero de los empresarios de la industria de la construcción, la expropiación de ingenios; así como la deuda contingente: de las paraestatales, de los sistemas de pensiones del ISSSTE, IMSS, de las universidades públicas y hasta de los gobiernos estatales.

El costo de su servicio, intereses y amortizaciones; más el incremento de nuevos créditos –más préstamos- para financiar el déficit de pagos y amortizaciones, así como el déficit en el gasto público, eleva la Deuda Pública más allá de los ingresos fiscales y de nuestro crecimiento económico, y por consiguiente acaba con los cuantiosos recursos económicos que el país produce. Es el financiamiento de la Deuda Pública la que origina la más grande fuga económica que tiene el país y por la que se está recortando constantemente el presupuesto del gasto público. Es el motivo de las reformas constitucionales y de las privatizaciones que propone el presidente de la República. Es la explicación de todos los despidos que pretende llevar a cabo el gobierno dentro de la burocracia. Es la causante del desempeño y de la migración de compatriotas a los Estados Unidos. Es la culpable de la corrupción en todos los sectores y el motivo de la virtual bancarrota del país. Es el origen de disputas y debates en otros ámbitos y sectores donde hace falta dinero.

Como una remembranza vale la pena tener presente que fue por la Deuda Pública (la deuda externa) que tenía México con Estados Unidos y por los problemas económicos que el país atravesaba en 1848: finanzas públicas devastadas, disminuida solvencia del gobierno, por lo que el entonces presidente Antonio López de Santa Ana, cedió a los Estados Unidos de Norteamérica cerca de 1.295.000 km 2 , es decir, más de la mitad del territorio del país. Estas tierras pasaron a constituir los estados de California, Nevada, Utah y parte de Colorado, Arizona, Nuevo México y Wyoming. Las negociaciones culminaron con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, según el cual México debía ceder esa franja fronteriza a cambio de 15 millones de dólares. Así culminó en aquel entonces la bancarrota de nuestra nación y de esta manera pagó su deuda externa que era menos de una milésima parte de la actual cifra.

PRECISIONES CONCRETAS

A continuación se presentarán algunas precisiones sobre lo que significa y lo que nos cuesta la Deuda Pública.

En los primeros tres años de gobierno del presidente Fox, o lo que es lo mismo 1,125 días, el país se ha endeudado a razón de 1,300 millones por día, hasta elevar la deuda pública de 2 a 3.5 billones de pesos. En este periodo la deuda creció 1.5 billones, lo que representa 500,000 millones por año. Esto significa que cada hora la Deuda Pública se incrementa en 57 millones de pesos, casi un millón cada minuto. Esta cifra equivale mensualmente a 41,000 millones de pesos, igual al presupuesto de todo un año de las Secretarías de la Defensa, Marina, Gobernación y Reforma Agraria.

Pero el problema se vuelve más grave si tomamos en cuenta que todavía nos falta incluir el gasto de la Deuda Pública por concepto de servicio por intereses y amortizaciones, el cual ascenderá este año a 500,010 millones de pesos; lo que equivale a 45,247 millones mensuales, 1,508 millones diarios, 63 millones por hora, o lo que es lo mismo 1 millón 50 mil pesos por minuto.

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Hay que tener presente que aunque son dos conceptos diferentes: el incremento de la deuda y el costo del servicio (intereses-amortizaciones), debe sumar finalmente su impacto y repercusión. Por un lado se pidieron más créditos y aumentó la deuda, y por el otro, se gastó para el pago de los intereses y amortizaciones sobre el saldo.

Así pues, tenemos que el costo financiero consolidado de la Deuda Pública para este año sumará 1 billón 50 mil millones de pesos. Esta cantidad resultará 30 por ciento más del saldo a fines del año pasado. Cifra que se traduce mensualmente en 86,247 millones, 2 mil 878 millones al día; 120 millones por hora, 2 millones de pesos por minuto.

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El incremento en los ingresos fiscales por 43,000 millones de pesos anuales que el gobierno pretendía captar gravando con el IVA alimentos y medicinas, es lo que se gasta en la Deuda Pública en tan solo 15 días.

Esta comparación nos sirve para valorar el impacto que tiene en la economía el alto costo financiero de la Deuda Pública ya que, desgraciadamente, el endeudamiento no se usa como una inversión crediticia productiva, sino más bien resulta la suma de los subsidios de la corrupción oficial, como el brillante caso del Fobaproa-IPAB, que es el fraude más absurdo y aberrante en la historia mundial de la banca y las finanzas. Con todo este costo-gasto la Deuda Pública nunca se reduce un solo centavo. Por el contrario, crece exorbitantemente. Para fines del 2004 llegará a los 4 billones. Entonces la Deuda Pública podría representar el 60% del PIB.

Siempre hemos sabido que los créditos que se usan deben estar respaldados y garantizados con la buena aplicación que de ellos se haga, a fin de que no haya problemas cuando tengan que pagarse, entendiéndose que con las ganancias que genere ese empréstito se podrá pagar y devolver los intereses y el capital. Pero aquí los banqueros y los financieros, dentro y fuera del gobierno, no saben ni siquiera que ésta es su función.

Entonces ¿Qué clases de finanzas son las públicas? ¿Qué clase de finanzas las bancarias? ¿Qué clase de endeudamiento el que conciben los secretarios de hacienda? ¿Cómo piensa pagar el gobierno todo el dinero que pide prestado? ¿En dónde se invierten los créditos? O ¿Hacia adonde se canalizan?

Esto es simplemente inconcebible, inaceptable e impagable. Así pues, la deuda siempre sigue en constante aumento. Una renta que, simplemente, el país no puede pagar, pues rebasa la su capacidad de pago y con un crecimiento exponencial que nada tiene que ver con el índice de la inflación acondicionada que tiene el Banco de México (3.98% anual), ni con el crecimiento del PIB, que contrariamente a la Deuda Pública no ha crecido en este sexenio. Estos dos extremos son nefastos para la economía del país. Esta situación nos hace esclavos del usurerismo. Es detestable que el gobierno contraiga más deudas para pagar lo que debe, en lugar de buscar otras alternativas para restar su deuda.

Haciendo una medición de este año sobre estas últimas cifras, incremento y gasto de la Deuda Pública, con el de algunas secretarías de Estado, podemos decir que esta cantidad equivaldría al gasto programado de la Secretaría de Salud en 50 años, el de Agricultura y Ganadería en 28 y al de Educación Pública en 9. Si sumamos el presupuesto de todas las secretarías estaríamos hablando de su equivalente en el gasto público de más de tres años, esto sería igual a las exportaciones petroleras de 6 años si los precios y la actual producción forzada se mantiene.

Este gasto del endeudamiento público no se recupera jamás. Este gasto tan oneroso es el que no permite el desarrollo económico nacional. Es una cantidad que cada año se hace más grande y que devora todos los recursos que el país produce. Es la causante de todos los recortes y ajustes presupuestales del gobierno.

Por eso es tan importante encontrar la solución a la Deuda Pública, antes de que el país se declare en moratoria de pagos o que se tengan que rematar PEMEX o la CFE para seguir pagando su costo por un par de años más. Por eso debemos pensar en soluciones eficaces y no en hacer más graves los problemas con la crítica intrascendente y sin provecho. Debemos valorar nuestros recursos humanos y transformarlos en recursos económicos para encontrar el bienestar que cada quien deseamos, lo cual sucederá después de resolver la carga de la deuda.

Debemos buscar la manera de reducir la Deuda Pública con ganas de quitárnosla de encima para siempre y que esos recursos que ahora se destinan a ella sirvan después para invertirlos en el desarrollo de la actividad económica: generar empleos para construir viviendas, clínicas y hospitales, escuelas y universidades, asilos y guarderías; para hacer obras públicas que son imprescindibles: agua potable, drenaje, alcantarillado, pavimentación; y todo aquello que hace falta: servicios médicos, abasto de medicinas, etc.

Todo ese circo político, vedetismo, mofa y libertinaje democrático que propician los personas de la política con su actuación y escenas que monta, es una forma de distraer nuestra atención de la realidad. Es la forma tendenciosa para que no veamos los asuntos más importantes que se ventilan en las altas esferas del gobierno y así puedan legislar a sus anchas las reformas constitucionales que quieren hacer y al mismo tiempo para que el gobierno siga endeudando más al país sin medir las últimas consecuencias ni el grado al que hemos llegado. Lo único que les importa es el dinero, las transacciones, los contratos, las expropiaciones e indemnizaciones, las adjudicaciones, o simplemente ser nota televisiva y aparecer en todos los noticieros y enriquecer su audiencia política, pero pocos son los que se dan a la tarea de trabajar para el país. Menos aún son aquellos que están pensando en resolver el problema gigante de la Deuda Pública.

Ante este acecho gubernamental sería bueno apartarnos de las distracciones y ocuparnos en serio

de la Deuda Pública, considerarla como la prioridad nacional número uno. Es sobre la Deuda Pública en donde debe centrarse la convocatoria nacional de los partidos y presentar verdaderas y serias propuestas políticas, pues corremos el riesgo de repetir la historia indefinidamente, nunca habrá dinero y por lo tanto el país siempre estará en crisis.

Sería bueno ver a los diputados y senadores debatir, pelearse, enojarse y apasionarse por la Deuda Pública y sus repercusiones, como si de ella dependieran sus excelentes sueldos, prestaciones, viajes, viáticos. Sin embargo estas escenas nunca las hemos visto, en cambio, se entregan de lleno a las iniciativas triviales o luchas de poder internas que no dejan nada al país.

Espero que la opinión pública se percate de la importancia de estas notas sobre la Deuda Pública y lo que ella representa en las finanzas públicas y el presupuesto federal. Estas preocupaciones debería llevar consigo la CONAGO a la próxima Convención Nacional Hacendaria , para que los gobernadores de los Estados y los tres Poderes de la Unión se ocupen del asunto y que se trate con la seriedad que amerita, sobre todo para cambiar las expectativas del país que, sobre esta realidad no pueden ser más desalentadoras.

Hay que ponerle un freno al derroche y a la indiferencia de nuestros gobernantes; bajar el costo y monto de la trillada deuda. Que entiendan el presidente, su gabinete, legisladores, gobernadores, pero especialmente el secretario de hacienda, que hay que recortar (trasquilar) el presupuesto para la Deuda Pública y que esa reducción sirva para compensar el déficit del gasto que se quiere trasladar a los contribuyentes y consumidores aumentando impuestos, tarifas de los servicios públicos: agua, luz, gasolina, autopistas; creando nuevos impuestos o gravando los alimentos y medicinas que están exentas. Incluso, descabelladamente, con esta idea, seguir privatizando las pocas empresas que le quedan al Estado, con tal de cumplir fielmente una Deuda Pública por demás dudosa, inconstitucional e ilegítima por consiguiente. Esa insistencia y terquedad en las   propuestas rayan en la insolencia del gobierno.

Recordemos que cada hora la deuda crece y nos cuesta más de 120 millones de pesos, 2 millones por minuto, 2,878 millones al día, más de un billón anual (un millón de millones). Estas son las cuentas claras y concretas de la Deuda Pública.

Lo recaudado durante el pasado Teletón es solamente el costo que tiene la deuda durante 110 minutos, menos de 2 horas.

Esta ha sido una síntesis y resumen de la problemática de la Deuda Pública debidamente fundamentada. Si me ocupo de este problema es porque sé que es el más grande azote que tiene y ha tenido siempre nuestro país. Ningún otro problema me llama tanto la atención y me preocupa tanto como éste, ya que de la solución que le demos depende la solución automática de todos los demás que se derivan de la Deuda Pública.

Solamente la concientización de toda la sociedad sobre el gran problema de la Deuda Pública, hará posible que finalmente nos decidamos a enfrentarlo y resolverlo para siempre. Este problema que es problema de todos, pero principalmente de aquellos que no tienen trabajo y que están delinquiendo para sobrevivir o que tienen que emigrar de manera ilegal a los Estados Unidos arriesgando la vida para no morir de hambre, frente a aquellos que más tienen, que ven el problema con indiferencia, porque tienen el dinero y el poder, porque concentran la riqueza que el país produce y genera y que no se dan cuenta que al mismo tiempo se convierten en las principales víctimas de la crisis cuando el desempleo crece y la pobreza y la miseria aumentan.

Únicamente encontrando la solución efectiva a la Deuda Pública vamos a poder seguir creciendo y generar empleos para que la mayor parte de la población salga de la pobreza y la miseria, para poder crear escuelas, hospitales y vivienda. Solamente así el gobierno va a poder gobernar satisfactoriamente y podrá sacar al país de la barranca.

En la continuación de este artículo encontraremos un análisis de las cifras y de la información que tenemos sobre la Deuda Pública así como una parte documentada con la información y análisis sobre el tema que son del dominio público, también se plantean las soluciones que tenemos a nuestro alcance, no en la superficie sino en el fondo del problema. Finalmente algunas consideraciones, opiniones y puntos de vista que proponen una solución para que esta crítica cumpla su función constructiva frente al problema que nos ocupa.

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